viernes, 1 de abril de 2011

COMPETENCIAS BÁSICAS V: LA EDUCACIÓN O EL ARTE DE MAREAR PERDICES

Gracias a las nuevas tecnologías un chico de catorce años, de donde quiera que venga, tiene ya cualidades ingenieriles. Sigámosle virtualmente  por tres itinerarios distintos.
En la primera vía, este chico, que a sus catorce años ya se ha descargado un programa para diseñar dios sabe qué, suspende siete asignaturas. Sus padres no saben, sus profesores no saben, la Admistración no sabe, él no sabe. Una cosa es evidente: durante algunos años más las instituciones educativas trabajarán para hacer sentir a este pobre  como un inútil. De ello se encargará un currículo matusalénico. No obstante, la educación en valores y el “buen rollito” aliviará alguna de sus heridas.
En la segunda vía, el chico en cuestión, no sé por qué extraña combinación de factores, ve una luz más allá, entiende la función propedéutica del currículo y se somete. En este caso, el chico conseguirá formarse como técnico de nivel medio o superior, en instituciones públicas por supuesto. Ahí lo tenéis, todo un ingeniero –aunque ocho años antes ya casi podía haber realizado ese trabajo. Lo que él no sabe es que desde 2001 la remuneración media de licenciados ha caído y seguirá cayendo. Para cuando se dé cuenta de su destino, ni la educación en valores ni el “buen rollito” le servirán de nada.
En la tercera vía, al chico de catorce años la educación le alimenta la voraz autoestima. Todo en el universo coopera para lanzarlo hacia el futuro. Posteriormente el feliz matrimonio de universidad privada y empresa se encargará de reservarle el grado de ingeniero y un puesto directivo en algún lugar. Un día se acordará de la educación en valores, se sonreirá amablemente y, satisfecho, colgará a la entrada de su casa el lema de que “la amistad vale más que el oro”.
Creo que nunca antes había habido una ocasión tan valiosa para la justicia social, todo gracias a las nuevas tecnologías. Estas son baratas; representan una oportunidad formativa difícil de superar; aseguran, por lo menos hasta ahora, un acceso simétrico a la información… Sin embargo, esta posibilidad de igualdad se ve frustrada por la educación, que, a través de sus diversas instituciones y prácticas, se encarga de “poner a cada uno en su sitio”.
Hoy más que ayer la educación es una arte de marear perdices. Yo diría más: hoy más que nunca la educación es un instrumento de opresión.

P.D. Querido Alter Ego: creo que esta vez no objetarás nada a la claridad del texto. Creo que es didáctico y, por ello, también un pelín demagógico.

2 comentarios:

  1. Este mareador de perdices, que vende humo,ha quedado flipao con ese final que es la hostia. Hoy, cada vez, la educación sólo sirve para "poner a cada uno en su sitio" y para martirizar sin descanso. Descansemos, el lunes volveremos a marear y a marearnos (eso sí, con buen rollito).

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  2. Romano, soy un despite, donde pone cada vez creo que es evidente que debería poner cada vez más.

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