En La vida es sueño un astrólogo predice al rey Basilio de Polonia que su propio hijo y heredero, Segismundo, acabará matándole. El padre, para evitar que el destino se cumpla, encierra a Segismundo. Al inicio de la obra se realiza un experimento: se libera provisionalmente a Segismundo y este, actuando como un salvaje déspota, parece confirmar la predicción del astrólogo. Lógicamente el padre decide encerrarlo de nuevo. Al final de la obra, tiene lugar una nueva liberación de Segismundo, esta vez fortuita, y que es ocasión para que el joven príncipe muestre su valor y prudencia. Se trata de un truco dramático que simboliza el tránsito a la madurez y a la autonomía personal.
Hoy se tiende a una p@ternidad y educación inflacionaria, como la descrita en la situación inicial de la obra calderoniana. La predicción astrológica corre a cuenta de las estadísticas. A todos nos suena: el 50 % de los jóvenes alguna vez ha consumido… tres de cada cinco jóvenes sufrirá alguna vez un… seis de cada de diez jóvenes entre 12 y dieciocho años son propensos a… Estas cantinelas expresan un destino probable que los padres e instituciones quieren evitar a toda costa. A tal efecto procederán a un encierro como el de Segismundo, a través de innúmeros procedimientos de vigilancia, control y prevención. Esta tendencia se agudizará -se está agudizando ya- y el encierro puede ser total: la genética, los tratamientos farmacológicos, la seguridad, las tecnologías educativas… toda clase de ingenierías contribuirán a ello. El crecimiento y educación de un chic@ será una mezcla de terapia y gestión burocrática. Con todo, sólo una actitud intempestiva valoraría negativamente esta situación.
Yo quiero ahora rescatar otra p@ternidad, la deflacionaria. Aquí encontramos al otro Segismundo: el bastardo, el huérfano, el de padres ausentes o desconocidos, el que sufrió la desidia parental –de mil maneras se esconden los padres y de mil maneras pueden ser desconocidos-. La p@ternidad se ha reducido a casi nada, prácticamente a la simple procreación. Estos padres son como el dios de la Cábala , que, después de crear al hombre, se retrae, abandona toda vigilancia y se retira a un rincón ignoto. El otro Segismundo no está encerrado; al contrario, el mundo se le vuelve demasiado grande; debe recorrer largos caminos, bordeando abismos; debe buscar atajos extraños, saturar brechas, huecos. Siempre fui pesimista con el otro Segismundo. Siempre lo vi proclive a una demanda excesiva de orden, lo que frecuentemente le llevaba a abrazar causas totalitarias. Siempre lo vi demasiado nostálgico del padre, lo que le precipitaba a la vida religiosa. En el peor de los casos podías encontrarte su cuerpo hinchado en el borde de un camino. Una historia me ha mostrado una visión más optimista de esta p@ternidad minimalista: un Segismundo náufrago que inventa, crea y recrea la p@ternidad, en relación con su propio padre al que nunca conoció, y en relación con sus hijos que viven la situación más sórdida imaginable.
Del mismo modo que hay un grado cero de psicoanálisis, hay también un grado cero de p@ternidad y educación. Es posible que no acabéis de entender mi vana retórica, pero si veis la película Biutiful lo entenderéis todo.