lunes, 2 de mayo de 2011

COMPETENCIAS BÁSICAS VI: EL OTRO SEGISMUNDO

                                                                                                             

En La vida es sueño un astrólogo predice al rey Basilio de Polonia que su propio hijo y heredero, Segismundo, acabará matándole. El padre, para evitar que el destino se cumpla, encierra a Segismundo. Al inicio de la obra se realiza un experimento: se libera provisionalmente a Segismundo y este, actuando como un salvaje déspota, parece confirmar la predicción del astrólogo. Lógicamente el padre decide encerrarlo de nuevo. Al final de la obra, tiene lugar una nueva liberación de Segismundo, esta vez fortuita, y que es ocasión para que el joven príncipe muestre su valor y prudencia. Se trata de un truco dramático que simboliza el tránsito a la madurez y a la autonomía personal.
Hoy se tiende a una p@ternidad y educación inflacionaria, como la descrita en la situación inicial de la obra calderoniana. La predicción astrológica corre a cuenta de las estadísticas. A todos nos suena: el 50 % de los jóvenes alguna vez ha consumido… tres de cada cinco jóvenes sufrirá alguna vez un… seis de cada de diez jóvenes entre 12 y dieciocho años son propensos a… Estas cantinelas expresan un destino probable que los padres e instituciones  quieren evitar a toda costa. A tal efecto procederán a un encierro  como el de Segismundo, a través de innúmeros procedimientos de vigilancia, control y prevención. Esta tendencia se agudizará -se está agudizando ya- y el encierro puede ser total: la genética, los tratamientos farmacológicos, la seguridad, las tecnologías educativas… toda clase de ingenierías contribuirán a ello. El crecimiento y educación de un chic@ será una mezcla de terapia y gestión burocrática. Con todo, sólo una actitud intempestiva valoraría negativamente esta situación.
Yo quiero ahora rescatar otra p@ternidad, la deflacionaria. Aquí encontramos al otro Segismundo: el bastardo, el huérfano, el de padres ausentes o desconocidos, el que sufrió la desidia parental –de mil maneras se esconden los padres y de mil maneras pueden ser desconocidos-. La p@ternidad se ha reducido a casi nada, prácticamente a la simple procreación. Estos padres son como el dios de la Cábala, que, después de crear al hombre, se retrae, abandona toda vigilancia y se retira a un rincón ignoto. El otro Segismundo no está encerrado; al contrario, el mundo se le vuelve demasiado grande; debe recorrer  largos caminos, bordeando abismos; debe buscar atajos extraños, saturar brechas, huecos. Siempre fui pesimista con el otro Segismundo. Siempre lo vi proclive a una demanda excesiva de orden, lo que frecuentemente le llevaba a abrazar causas totalitarias. Siempre lo vi demasiado nostálgico del padre, lo que le precipitaba a la vida religiosa. En el peor de los casos podías encontrarte su cuerpo hinchado en el borde de un camino. Una historia me ha mostrado una visión más optimista de esta p@ternidad minimalista: un Segismundo náufrago que inventa, crea y recrea la p@ternidad, en relación con su propio padre al que nunca conoció, y en relación con sus hijos que viven la situación más sórdida imaginable.
Del mismo modo que hay un grado cero de psicoanálisis, hay también un grado cero de  p@ternidad y  educación. Es posible que no acabéis de entender mi vana retórica, pero si veis la película Biutiful lo entenderéis todo.

viernes, 1 de abril de 2011

COMPETENCIAS BÁSICAS V: LA EDUCACIÓN O EL ARTE DE MAREAR PERDICES

Gracias a las nuevas tecnologías un chico de catorce años, de donde quiera que venga, tiene ya cualidades ingenieriles. Sigámosle virtualmente  por tres itinerarios distintos.
En la primera vía, este chico, que a sus catorce años ya se ha descargado un programa para diseñar dios sabe qué, suspende siete asignaturas. Sus padres no saben, sus profesores no saben, la Admistración no sabe, él no sabe. Una cosa es evidente: durante algunos años más las instituciones educativas trabajarán para hacer sentir a este pobre  como un inútil. De ello se encargará un currículo matusalénico. No obstante, la educación en valores y el “buen rollito” aliviará alguna de sus heridas.
En la segunda vía, el chico en cuestión, no sé por qué extraña combinación de factores, ve una luz más allá, entiende la función propedéutica del currículo y se somete. En este caso, el chico conseguirá formarse como técnico de nivel medio o superior, en instituciones públicas por supuesto. Ahí lo tenéis, todo un ingeniero –aunque ocho años antes ya casi podía haber realizado ese trabajo. Lo que él no sabe es que desde 2001 la remuneración media de licenciados ha caído y seguirá cayendo. Para cuando se dé cuenta de su destino, ni la educación en valores ni el “buen rollito” le servirán de nada.
En la tercera vía, al chico de catorce años la educación le alimenta la voraz autoestima. Todo en el universo coopera para lanzarlo hacia el futuro. Posteriormente el feliz matrimonio de universidad privada y empresa se encargará de reservarle el grado de ingeniero y un puesto directivo en algún lugar. Un día se acordará de la educación en valores, se sonreirá amablemente y, satisfecho, colgará a la entrada de su casa el lema de que “la amistad vale más que el oro”.
Creo que nunca antes había habido una ocasión tan valiosa para la justicia social, todo gracias a las nuevas tecnologías. Estas son baratas; representan una oportunidad formativa difícil de superar; aseguran, por lo menos hasta ahora, un acceso simétrico a la información… Sin embargo, esta posibilidad de igualdad se ve frustrada por la educación, que, a través de sus diversas instituciones y prácticas, se encarga de “poner a cada uno en su sitio”.
Hoy más que ayer la educación es una arte de marear perdices. Yo diría más: hoy más que nunca la educación es un instrumento de opresión.

P.D. Querido Alter Ego: creo que esta vez no objetarás nada a la claridad del texto. Creo que es didáctico y, por ello, también un pelín demagógico.

viernes, 25 de marzo de 2011

COMPETENCIAS BÁSICAS IV: EL ALUMNO DEL FUTURO (¿DEL MAÑANA MAÑANA?)

Cuando yo ingresé en esta profesión vi una generación de profesores que se jubilaba horrorizada ante el abismo que se le abría a sus pies. Dos detalles creo que abrumaban a esos profesores: el clima de permisividad del que tanto se ha hablado y la llegada de las nuevas tecnologías -entonces solo para meter las notas. Me pareció que para esos profesores, que empezaron a trabajar en los sesenta, el cambio debió ser duro. Muchos reconocían, entre eufemismos, su desfase.
No sé cuándo ni cómo egresaré de la profesión. Ahora bien, estoy seguro de que “me licenciaré con deshonor”, como miembro de la generación docente más inútil de cuantas han pisado las aulas. ¿Por qué?
Empecemos por los aspectos cognitivos. Una razón es la tendencia a la externalización de varias facultades intelectuales. En primer lugar, la memoria humana se apoyará cada vez más en soportes externos. La inmediatez de la información acelera este proceso. La memoria se requerirá solo para aspectos muy concretos. Con ello los procesos de consolidación de información en nuestra cabeza se irán perdiendo. El cerebro humano, que se caracteriza por su plasticidad, acusará esta pérdida de la memoria. En segundo lugar, la resolución de todo tipo de tareas y problemas estará asistida por el software. Las interfaces se diseñarán cada vez más a tal efecto. Ambos aspectos son ambiguos: ¿significa que nuestros alumnos se volverán tontos o bien que su cerebro se liberará de actividades engorrosas para dedicarse a otras tareas más creativas o, por lo menos, más productivas? Este proceso tendrá dos fases: en la primera, que vivimos ahora, simplemente delegamos en dispositivos externos nuestras facultades intelectuales; en la segunda, esos dispositivos volverán en forma de prótesis cognitivas a muestro cuerpo: de cyborgs corporales (empastes, lentillas...) nuestros alumnos pasarán, finalmente, a ser cyborgs espirituales. Nosotros también, claro. Espero que en el reconocimiento mutuo entre unos y otros no interfiera el currículo y la didáctica.
La hiperactividad seguirá creciendo -en EEUU se pasó de los 500.000 hiperactivos en 1985 a los 5 millones en 2007. ¿Debemos preocuparnos? No necesariamente. Esta patología está definida hasta cierto punto socialmente: el hiperactivo es un enfermo en virtud de nuestras normas e instituciones sociales; en una sociedad nómada o de cazadores pasaría desapercibido. Podemos albergar la esperanza de que la sociedad se transforme hasta un punto en que la anormalidad de los hiperactivos se disuelva en nuevos valores y normas.
Hasta aquí he tratado sucesos más que probables. Ahora me adentraré en terrenos más especulativos. Creo que en los centros educativos se puede librar una batalla por derechos. El exceso de información está borrando la frontera entre infancia y madurez o, al menos, está haciendo que esta retroceda. Mientras Internet se empeña en hacer desaparecer la infancia y adolescencia es probable que la sociedad se proponga mantenerla artificialmente. Esto obligará a que las instituciones educativas, entre otros agentes, tripliquen sus esfuerzos en tareas de control y vigilancia. En toda tutela hay un aspecto alienante y opresor. El capitalismo, al menos para el materialismo cultural, ha disuelto la ancestral tutela masculina de la mujer. ¿Acabará la sociedad del conocimiento con la tutela adulta de niños y jóvenes?
Las identidades serán otro campo de batalla. Las raciales, culturales y religiosas son un dolor de muelas ya hoy. Pero hay que estar atentos a nuevas formas de identidad. Es visible ya hoy la rehabilitación de los homosexuales en centros educativos a través de campañas de concienciación. En unos años la identidad homo, junto con la hetero, estará, afortunadamente, normalizada. ¿Qué hacer entonces con otras orientaciones y prácticas minoritarias? Llegados aquí no puedo sino decir: “¡que me ahorquen si entiendo lo que digo!”(G.Marx).
Esta entrada ya va quedando larga. En cualquier caso basta para mi propósito, que era convencer a mis compañeros de qué cerca está nuestra jubilación.

domingo, 13 de marzo de 2011

COMPETENCIAS BÁSICAS III: DEL ESTILO TAUTOLÓGICO EN LA TEORÍA PEDAGÓGICA

COMPETENCIAS BÁSICAS II: UN EJEMPLO

Un ejemplo. En los últimos siglos nuestra mente literaria y libresca, con su modo de procesamiento lineal y concentrado, ha sido la piedra arquimédica de la ciencia, el arte, el pensamiento y la comunicación. Nuestras instituciones educativas han dedicado y todavía dedican una fracción considerable de tiempo y recursos a la instrucción de los jóvenes en la lectura de obras literarias, periódicos, ensayos... Yo mismo, cuando miro hacia atrás, veo que en mis años de docencia he reservado muchos esfuerzos al refinamiento de la habilidad lectora de mis alumnos: reconocer convenciones textuales, identificar tipologías y géneros de discurso, interpretar marcadores textuales, percibir la coherencia lógica o temporal de los textos, representar la estructura de los mismos, en general, dejar atrás una lectura mecánica y ganar en profundidad.
Internet está transubstanciando al lector: el lector paciente, reflexivo y concentrado de libros extensos, capítulos enteros de alguna monografía o simplemente artículos, se transforma ante nosotros a gran velocidad en un hiperactivo cazador de información relevante en la red, que, saltando de página en página, no se fija en más de diez líneas de un mismo texto.
Internet ha absorbido el libro y lo ha reeditado en un insólito formato. Ha incluido hiperenlaces en sus textos; ha fragmentado y etiquetado sus contenidos para hacerlos adecuados a los motores de búsqueda. Los enlaces invitan a ser pulsados -nada que ver con el gesto de levantarse a buscar otro volumen en la estantería superior o pedir un libro que llega dos semanas más tarde-. La facilidad con que saltamos de un texto a otro produce distracción, un sentimiento de provisionalidad y un desprecio por el conjunto de la obra a la que pertenece el fragmento que nos interesa. Pero es que el texto electrónico se ve acompañado de imágenes, videos, podcasts, anuncios, herramientas de navegación, aplicaciones de software específico etc. En fin, a esto se añaden los mensaje que nos avisan de la publicación nueva en un blog que seguimos o las alertas de Facebook. No es disparatado decir que en unos años la lectura de un libro de cien páginas tendrá el sabor, rancio y romántico a la vez, del artesano, del alfarero que sucio de barro fabrica su jarra.
Las pruebas de PISA ya insisten en tareas que implican textos no lineales. Si la tendencia que he descrito se generaliza (y todo parece indicar que ya casi está generalizada en determinadas generaciones)... me pregunto: ¿qué he estado haciendo yo los últimos años con mis alumnos? ¿Adónde los he conducido?
Un ejemplo, decía, un ejemplo más de qué fácil es estar equivocados en nuestras prácticas. Una prueba más de que hay una alta probabilidad de que lo que estamos haciendo en nuestras aulas esté mal.

viernes, 11 de marzo de 2011

Competencias básicas I

No sé cómo habrás llegado hasta aquí. Pero es preciso que lo olvides todo.